Foto: 247 Sports

Artículo original: Players Tribune

Después de los escándalos vividos esta temporada en el baloncesto colegial con el FBI destapando asuntos muy sucios. Después de que tanta gente ponga en el entredicho el sistema NCAA. Después de estar viviendo tantos y tantos One&Done. Después de ver a Villanova jugar como los ángeles con una plantilla "veterana"... muchos jugadores siguen dudando si la opción NCAA tan sólo por un año merece la pena. 

Darius Bazley, uno de los mejores jugadores del país en instituto, rompió su compromiso con Syracuse Orangemen hace unas semanas para saltarse el baloncesto colegial e intentar dar el salto a la NBA jugando en la Liga de Desarrollo de la misma, la G-League. El propio jugador ha escrito los motivos que le han llevado a tomar esta decisión en "The Players Tribune" (tenéis acceso al articulo original arriba) y en Basketball Player Media lo hemos traducido al castellano: 

POR QUÉ DOY EL SALTO A LA G-LEAGUE: 

Ya desde el principio, quiero dejar algo claro: mi sueño, desde siempre, ha sido jugar en la NBA. 

Eso no me hace único. De hecho, más o menos cada jugador al que me he enfrentado en el circuito de la AAU estos años anteriores comparten conmigo el mismo sueño. 

La diferencia es que la mayoría de ellos van a jugar esta próxima campaña en una universidad. Yo no. 

La pasada semana anunciaba que iba a tomar un camino diferente entrando en el Draft de la G-League este otoño. 

Mi decisión ha sorprendido a bastante gente, y ha incluso provocado algo de debate ya que soy el primero en hacer esto. Así que quería tomarme algo de tiempo para explicar por qué he decidido que esto era lo mejor para mi, y por qué creo es algo que, otros chicos que comparten el mismo sueño que yo, deberían considerar esta opción en el futuro. 

Creo que, para entender mi mentalidad al tomar esta decisión, debes saber un poco mi sobre mi persona. Crecí en una familia muy grande, con dos hermanos y cuatro hermanas. Cuando hay tanta gente en casa, normalmente intentas encontrar alguna excusa para no estar en ella. Para mi, esa excusa era el baloncesto. 

Tenía alrededor de siete años la primera vez que hice un mate. Claro, tuve que saltar desde un sofá que los chicos de mi vecindario habían arrastrado debajo de la canasta, pero yo, tomé un poco de aire. 

Pero antes jugué en alguna liga organizada, y sentía que probablemente tenía un talento natural para este juego. Era alto. Manejo de balón aceptable. Mi tiro era feo, pero funcionaba. Incluso cuando estaba a mucha distancia de donde debía estar en términos de habilidades para jugar en la NBA, desafiarme a mi mismo para llegar a ese nivel se convirtió en mi objetivo principal. Sabía que eso era lo que quería. 

Realmente no hice las pruebas para mi primer equipo organizado hasta varios años después. Estaba en octavo grado en ese momento y tan sólo había jugado en ligas recreativas. Recuerdo que me sentí sorprendido cuando conseguí entrar en ese equipo. 

El entrenador, Coach Mason, vió algo en mi que quizás yo ya había sentido en ese momento, pero nunca había oído decir a nadie con esa autoridad. Me dijo que si trabajaba mucho, tenía el talento necesario para jugar al baloncesto. Honestamente, le creí a medias. Pensaba que me estaba motivando. Pero, mirando atrás, puedo confirmar que ese momento fue el que realmente provocó lo que vendría en los siguientes cuatro años. 

La NBA no empieza con la universidad, ni siquiera con la G-League. Es un camino que la gente comienza mucho antes. El primer paso es reconocer que tienes talento. A partir de ahí se trata de hacer todo lo que puedas para tener exposición. La siguiente gran oportunidad depende en tener a la persona indicada viéndote jugar en el partido y momento adecuado. En mi caso, eso ocurrió cuando estaba en noveno grado. Mi instituto estaba jugando un torneo contra otra escuela a la que muchos ojeadores querían ver. No estaba en el radar de nadie en ese momento, pero hice un partido muy bueno. Una vez terminó, John Stovall, que cubre el circuito AAU, dijo que le gustaba mi juego y que me iba a recomendar a varios de los mejores equipos de la AAU en Ohio. Y así fue como todo, más o menos, despegó.

Siempre recordaré la primera oferta que recibí porque mi entrenador me lo comentó después de un partido en el que había jugado horrible. Creo que perdimos de 20 y yo estaba destrozado en el vestuario cuando vino hacia mi y me dijo: “la cabeza bien alta.” Le miré un poco confuso, entonces continuó, “Toledo acaba de ofrecerte una beca completa.”

Fue un subidón. 

Durante mi estancia en el circuito AAU, mi único objetivo era recibir becas de cualquier universidad que pudiese, ya que ese era el siguiente paso lógico a seguir. Pero lo que debería dejar claro, y creo que se cumple en la mayoría de los reclutamientos, es que a la vez que iba acumulando más ofertas de grandes programas, los miraba todos de la misma manera: jugar un año para después declararme elegible para el Draft de la NBA. 

Esto podría parecer brutalmente honesto, pero el sistema actual ha llevado a los mejores jugadores de instituto a pensar en esos términos. No es que desprecie el baloncesto universitario ni nada parecido. Solo sabía que no iba a ir a una universidad para obtener un título universitario, al menos en esta etapa de mi vida. Mi mentalidad era que los estudios superiores seguirían estando ahí en el futuro, pero por el momento, todo es baloncesto para mi. 

Todo el proceso de reclutamiento fue un viaje de locos. Acabé enamorándome un poquito de cada universidad que visité. Tenía la intención de ir a la universidad por un año, y pasé mucho tiempo pensando en cuál de ellas sería más feliz. Finalmente, decidí que la mejor opción para mi era Syracuse. 

Honestamente, lo veía como un honor solamente ser reclutado allí. El entrenador Boeheim es una leyenda. Las instalaciones sin increíbles. Y hay un montón de grandes jugadores que han llevado sus habilidades a un nivel superior después de haber jugado allí. Eso es todo, realmente creo que podría haber prosperado allí, razón por la cual estaba tan entusiasmado cuando recibí la oferta. 

Pero hace unos meses, estaba teniendo una conversación con mi madre y uno de mis entrenadores, y plantearon la opción de jugar profesionalmente antes de entrar en el Draft de la NBA. Al principio deseché esa idea por completo. No me veía a mi mismo haciendo eso. Cuando pasó un tiempo, entonces volvimos a tener otra conversación, y por primera vez salió la opción de la G-League. 

Ningún reclutamiento puntero ha intentado nunca antes pasar un año en la Liga de Desarrollo de la NBA antes de intentar dar el salto. No era que no pudiese hacerse, sino que nadie antes lo había intentado. Para ello, tuve que descartar la oportunidad de jugar para la universidad de mis sueños. Pero en cierto modo, parecía una buena oportunidad para progresar como jugador en aspectos en los que probablemente no podría en el baloncesto colegial. En vez de pasarme el día yendo a clases y a fiestas universitarias, pasaría todo el día luchando por minutos contra jugadores profesionales con más temporadas que yo ahí. Tenía que elegir entre ser un jugador colegial de primer año o pasar un año en una organización llena de gente compartiendo el mismo objetivo: encontrar la manera de llegar a la NBA.

Nadie antes ha conseguido que esto funcione…

Pero, y si yo consigo que funcione?

Desde que la NBA implementó la regla del One&Done, la mayoría de los mejores jugadores universitarios han seguido el mismo camino: jugar en universidad un año, y luego presentarse al Draft. Si echas un vistazo al próximo Draft de la NBA, casi todos los jugadores proyectados a ser elegidos en la lotería, ha hecho esto. 

Y mientras ha funcionado bien para muchos de estos jugadores durante años, tampoco esta ruta ha merecido la pena para todo el mundo. Probablemente ni recuerdes muchos de esos nombres. Muchas cosas pueden ocurrir durante un año – bien sean lesiones, falta de minutos en cancha o cambios de entrenadores. 

No quiero decir que el camino de ir a la universidad sea incorrecto, pero es cierto que no siempre es el camino perfecto. La forma en que lo veo yo es que mi GPS sólo apunta a la misma dirección que la de cualquier reclutamiento puntero en el país, yo sólo he elegido llegar por diferente camino. 

Cuando hice pública mi decisión, la respuesta me alentó bastante. La gente parece respetar que esté intentando algo diferente. Por supuesto soy consciente que mi decisión ha molestado a Syracuse y sus fans. Lo entiendo totalmente, pero también se que en mi corazón, esta es la decisión correcta para mi. Dicho esto, voy a apoyar siempre a los Orangemen (Syracuse). Tengo la esperanza de que mi plaza sea otorgada a alguien que pueda ir allí y ayudar al equipo a ganar un campeonato nacional. 

Soy consciente de lo que pierdo saltando a la G-League. I se que no va a ser glamoroso. Me alejo de la oportunidad de ser el más conocido en el campus y jugar ante 33.000 fans ruidosos en el Carrier Dome. No es una elección fácil. 

Pero cuando rompí mi compromiso y realmente consideré lo que quería para mi futuro, me di cuenta de que, aunque no se había hecho antes, pasar un año en la G-League me prepararía para la NBA de una manera que ninguna otra competición lo haría.

Parte de ello se reduce a un número: 38%

Es el porcentaje de jugadores de la NBA que tienen algo de experiencia jugando en la G-League, y ese numero ha crecido bastante últimamente. 

Esa es una de las razones por las cuales me parece que la G-League es mejor opción que cruzar el charco para jugar en profesionales. En la G-League cada día, voy a competir con y contar talento NBA, voy a aprender táctica NBA, tener un calendario de entrenamientos como en la NBA y generalmente estar en un ambiente donde el principal objetivo de todos los que tengo alrededor es competir al nivel NBA. Se que crezco más cuando soy capaz de retarme. Así es como salté de ligas recreacionales en octavo grado a ser considerado un de los mejores jugadores del país. He puesto mucho trabajo para llegar al punto en que todo el mundo realmente esté interesado en dónde voy a jugar después del instituto. 

De todas las críticas que he recibido una de las más graciosas es cuando la gente destaca que sólo voy a ganar $26.000 el próximo año. Yo estoy como, “eh, que voy a ganar $26.000 el próximo año!” Tengo 17 años y creo que tener $5 ya es tener mucho dinero. Si tengo cinco dólares en mi bolsillo cuando voy al colegio, soy el tipo más feliz sobre la tierra. Si mi madre me da $20 me siento como si hubiese ganar la lotería. Con eso puedo comprarme muchas patatitas, sabes?

Pero a la vez, no hago esto únicamente por el dinero. Si fuera el caso, probablemente habría cruzado el charco. Veo esta próxima temporada como una inversión en mi mismo. No tendré la oportunidad de jugar partidos televisados a nivel nacional o en partidos de rivalidad o el Gran Baile de la NCAA, pero mientras que los focos estarán en jugadores que lo harán, yo mientras tanto estaré medrando. Estaré en alguna cancha midiéndome a grandes jugadores e intentando superarles. Y mientras hago eso, incluso si la nación no está al tanto de mis progresos, todo lo que necesito es la persona adecuada, viendo el partido adecuado, en el momento adecuado. 

Entiendo que hay riesgos siendo la primera persona que intenta algo así. Pero, honestamente, tomo riesgos cada día que salto a una cancha de baloncesto. Este deporte no me garantiza nada, y soy bueno mientras estoy sano. Sólo tengo una oportunidad para conseguirlo, y realmente estoy contento de poder hacerlo a mi manera. 

Si las cosas no salen como tenía planeado, probablemente seré conocido como el último jugador que intentó algo así.

Pero tengo la sensación de que voy a ser el primero de muchos. 

 

Firmado: Darius Bazley. 

 

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Business Partner & NCAA analyst